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Beneficios del boxeo: qué cambia de verdad cuando empiezas

Lo que cambia al empezar a boxear, ordenado por cuándo aparece: las dos primeras semanas, el primer mes, los seis meses y el primer año. Con lo que no va a pasar y las desventajas que nadie cuenta.

Boxeadora golpeando el saco en un gimnasio con luz cálida

Llevo 25 años en el ring y otros cuantos dando clase, y hay una pregunta que me hacen constantemente: qué gana uno de verdad al empezar a boxear. La respuesta corta que dan la mayoría de listas (estrés, cardio, fuerza, confianza) es cierta, pero está mal ordenada. Porque esos cambios no llegan todos a la vez.

Lo que veo en el gimnasio, clase tras clase, es que los beneficios del boxeo aparecen por fases. Las primeras semanas no se parecen en nada al sexto mes, y el que espera ver en la tercera semana lo que tarda seis en llegar suele dejarlo justo antes de que empiece lo bueno.

Así que en vez de otra lista de diez puntos, voy a contarte lo que cambia y cuándo, tal como lo veo en la gente que entra por primera vez a una clase de boxeo.

Las dos primeras semanas: la cabeza antes que el cuerpo

Lo primero que cambia no es el cuerpo, es la coordinación. Los primeros días vienes a aprender a mover los pies y las manos a la vez, algo que suena tonto hasta que lo intentas: lanzar un jab (el golpe recto de la mano adelantada) mientras desplazas el peso es más difícil de lo que parece.

Las agujetas de estas semanas salen en sitios raros. No en el brazo, que sería lo lógico, sino en el abdomen oblicuo, en los gemelos y en los hombros. Es la prueba de que estás usando músculos que no sabías que tenías, porque un golpe bien lanzado sale de la cadera y las piernas, no del brazo.

Y hay una cosa que sí es inmediata, desde el primer día: sales de clase con la cabeza despejada. No hace falta esperar semanas para notarlo. Una hora dándole al saco te deja sin espacio mental para pensar en nada más, y eso ya lo notas la primera tarde.

Si te salen agujetas raras en el abdomen o en los gemelos, es buena señal: significa que estás golpeando con la cadera y no solo con el brazo.

El primer mes: aguantar el asalto entero

En algún momento del primer mes dejas de contar los segundos que quedan de asalto (el tramo de trabajo, normalmente de tres minutos, con su descanso después). Lo aguantas entero. Y la técnica, que al principio piensas paso a paso (guardia, jab, retirada), empieza a salir sola.

Es también el punto donde más gente lo deja. Y hay que decirlo claro: el que lo deja casi siempre es el que esperaba ver el cuerpo cambiado en tres semanas. No lo vas a ver. El cambio físico llega después, y el primer mes es pura base: coordinación, resistencia al esfuerzo y memoria muscular. Si buscas el espejo antes que la técnica, este es el mes en el que más flojea la motivación.

Lo que sí tienes en la mano al acabarlo es la guardia y la esquiva. Son las dos cosas que, bien hechas, hacen que una clase pase de ser un esfuerzo torpe a sentirse como algo tuyo.

De los tres a los seis meses: aquí se nota por fuera

A partir del tercer mes empieza a verse lo que la gente espera desde el primer día: el cambio físico y la resistencia real. La ropa te queda distinta, aguantas más asaltos seguidos y el cansancio del calentamiento ya no te deja tocado para el resto de la clase.

Pero hay algo que casi nadie cuenta de este tramo y que a mí me parece lo más interesante: dejas de tener miedo al contacto físico en general, no solo dentro del ring. Al alumno que llega encogido, que se aparta cuando alguien se le acerca demasiado, lo veo cambiar aquí. El guanteo (también llamado sparring: golpear con un compañero, con protección y control) te enseña a estar cerca de otra persona sin tensarte, y eso se te queda fuera del gimnasio.

A partir del año: lo que engancha ya no es el físico

Pasado el año, el cuerpo deja de ser la razón por la que vuelves. Lo que engancha entonces es la técnica, que no se acaba nunca. Siempre hay un matiz de la guardia, un ángulo de esquiva o una combinación que se puede afinar un poco más, y eso es lo que mantiene entrenando a gente que lleva boxeando toda la vida.

Lo que no va a pasar

Hay tres cosas que se dan por sentadas con el boxeo y que no son ciertas. Prefiero decírtelas yo antes de que te las encuentres tú solo.

Sí pasa

  • Ganas reflejo y sangre fría ante un golpe, y bastante rápido.
  • Te cambia la composición del cuerpo con el tiempo.
  • Sales de clase con la cabeza despejada desde el primer día.

No pasa

  • No vas a defenderte en la calle en tres meses.
  • No adelgazas si comes igual.
  • No tendrás el cuerpo de un profesional entrenando dos días por semana.

Sobre la defensa personal conviene ser honesto: reaccionar bien de verdad bajo presión necesita años de repetición, no unas semanas de clase. Y sobre el peso, el boxeo te da resistencia y te cambia el cuerpo con el tiempo, pero si la alimentación no acompaña, la báscula no se mueve sola porque entrenes.

Las desventajas que nadie cuenta

El boxeo no es solo beneficios. Hay dos cosas que veo repetirse en el gimnasio y prefiero que las sepas de entrada.

La primera es el desgaste en muñecas y hombros cuando la técnica de golpeo es mala. Un puño mal cerrado o una muñeca torcida al impactar el saco es de lo más típico en quien empieza sin corregir la postura. Se evita golpeando bien, no dejando de golpear.

La segunda es entrenar con intensidad sin descansar. El boxeo exige mucho al cuerpo, y meterle caña todos los días sin dejar que se recupere pasa factura antes o después, con más fatiga que rendimiento.

Si notas molestia en la muñeca al golpear el saco, para y revisa el puño y el ángulo de impacto antes de seguir. No es normal que duela.

Beneficios del boxeo en mujeres

A las alumnas les cambia lo mismo que a los alumnos: coordinación las primeras semanas, resistencia a partir del tercer mes, pérdida del miedo al contacto entre los tres y los seis. No hay una versión distinta del boxeo para mujeres ni hace falta suavizar nada.

Lo que sí veo distinto es la barrera de entrada. En la mayoría de casos no es la forma física lo que frena a una alumna nueva, es el contacto: que te toquen, tocar a alguien, guantear por primera vez. Ese respeto inicial se pierde igual que en cualquiera, trabajando guardia y esquiva antes de meter contacto y guanteando poco a poco cuando toca.

Así que si algo frena a una mujer que se lo está pensando, casi nunca es si aguantará físicamente. Aguanta igual que cualquiera. Lo que hay que perder es ese respeto al contacto, y eso se trabaja en clase, con calma.

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