Casi nadie llega a su primera clase de boxeo con la cabeza en blanco. Llega con un nombre dentro: quiere pegar como Tyson o moverse como Ali. Los boxeadores famosos son la puerta de entrada de mucha gente a este deporte, y eso no tiene nada de malo.
El lío empieza al buscar la lista de los mejores. Cada sitio te da un orden distinto, y los récords tampoco cuadran entre sí. Pasa incluso con la misma revista en dos épocas distintas.
Aquí tienes quién es quién, con los números que se sostienen en más de una fuente, qué separa a un boxeador famoso del mejor boxeador de su época, y lo que veo yo, después de veinticinco años subido a un ring, cuando alguien me dice que quiere boxear como uno de ellos: qué se puede copiar en las primeras semanas y qué no se copia nunca.
Los nombres que trascienden el deporte
Hay boxeadores que conoce hasta quien no ha visto un combate entero. Muhammad Ali es el primero que sale en cualquier conversación, dentro y fuera del boxeo. Peleó en el peso pesado (la categoría más alta, sin límite superior de peso) y cerró su carrera con cincuenta y seis victorias y cinco derrotas, treinta y siete de ellas por KO (fuera de combate: el rival no puede continuar y el árbitro para la pelea).
Ese récord explica solo una parte de por qué lo conoces. Ali salió del propio deporte hacia la cultura general, y eso lo consiguen muy pocos por muchos títulos que sumen.
Lo que me llama la atención de Ali, mirándolo con ojos de entrenador, es que era un peso pesado que se movía como uno mucho más ligero: mantenía las manos bajas más de lo recomendable porque compensaba con el juego de piernas (los desplazamientos con los que se gana o se pierde la distancia con el rival) y con reflejos que no se entrenan, se tienen. Eso no es copiable para casi nadie: intentar bajar la guardia por parecerte a él sin tener esa velocidad es la forma más rápida de que te acierten.
Mike Tyson es el otro nombre que sale siempre, incluso de gente que no distingue un jab (el golpe recto de la mano de delante) de un gancho (el golpe circular que llega por el lateral). Se retiró con 50 victorias y 6 derrotas, 44 por KO, y fue el boxeador más joven de la historia en ganar el título mundial del peso pesado, con veinte años. Boxeaba con la guardia (la postura de base con la que te proteges y desde la que sales a golpear) peek-a-boo: las dos manos pegadas a la cara, con el cuerpo en movimiento constante. Es una de las variantes que repasamos en el artículo sobre la guardia de boxeo.
Cuando un alumno de primeras semanas me dice que quiere pegar como Tyson, lo primero que le pregunto es si ha visto alguna vez a Tyson entrenando, no peleando. La pelea es la parte visible. Las horas de saco, de manoplas (las almohadillas que sujeta el entrenador para que el alumno golpee) y de sombra (el ejercicio de boxear contra nadie, para fijar la técnica) que hay detrás no salen en ningún vídeo destacado, y son las que explican por qué esos golpes llegaban con esa contundencia.
Y está Sugar Ray Robinson, que para quien lleva tiempo en esto es un nombre distinto a los dos anteriores: no llenó estadios fuera del boxeo, pero encabeza la lista de The Ring de 1996 y se le considera el mejor libra por libra (el criterio que compara boxeadores de distinto peso, como si todos pesaran lo mismo) de la historia. Empezó en el peso wélter y subió al peso medio. Su récord exacto no lo vas a encontrar aquí: cambia según dónde lo mires, y prefiero no darte una cifra que no se sostenga en dos sitios a la vez.
Los que mandan en las listas técnicas
Las listas de los mejores boxeadores de la historia no coinciden entre sí, ni siquiera cuando las firma la misma revista.
Hay nombres que aparecen en todas las versiones, y esos sí sostienen los mismos números en más de una fuente.
Julio César Chávez, mexicano, cerró su carrera con 107 victorias, 6 derrotas y 2 empates, 86 de ellas por KO. Roberto Durán, panameño, con 103 victorias y 16 derrotas, 70 por KO. Y Willie Pep, peso pluma (una de las categorías más bajas, la de los boxeadores rápidos y técnicos), sumó 229 victorias, 11 derrotas y 1 empate, 65 por KO.
Esos números, leídos juntos, ya te dicen qué tipo de boxeador era cada uno. Chávez ganó la mayoría de sus combates por KO: presión constante e ir a buscar el final. Pep sumó muchísimas más victorias y bastantes menos por KO: ganaba por técnica y por distancia. Ninguno de los dos estilos es mejor que el otro, y en una misma clase los tengo los dos delante.
Carlos Monzón, argentino, peso medio, cerró con 87 victorias, 3 derrotas y 9 empates, 59 por KO. Émile Griffith, con 85 victorias, 24 derrotas y 2 empates, 23 por KO. Rocky Marciano se retiró invicto, con 49 victorias y ninguna derrota. Y Joe Louis defendió el título mundial del peso pesado 25 veces, una cifra casi imposible de imaginar con el calendario de hoy.
Lo que tienen en común estos nombres, más allá del récord, es que ganaron peleando contra los mejores de su época, no solo acumulando victorias fáciles. Eso es lo que pesa en las listas técnicas: no cuánto ruido hicieron fuera del ring, sino a quién se enfrentaron dentro.
De este grupo, lo que sí se puede llevar a un gimnasio normal es la presión constante de boxeadores como Chávez o Durán: acortar distancia todo el tiempo, sin descanso para el rival. Es agotador de entrenar y todavía más de mantener durante un combate entero, pero la base (no dejar de avanzar, no dejar espacio) se puede empezar a trabajar desde los primeros meses, aunque sea a un ritmo mucho más bajo.
Los nombres de ahora
De los boxeadores más recientes, tres se repiten en cualquier conversación actual. Manny Pacquiao, filipino, ganó títulos mundiales en ocho categorías de peso distintas. Floyd Mayweather se retiró invicto, sin perder un combate en toda su carrera profesional. Y Canelo Álvarez, mexicano, ha ganado títulos mundiales en cuatro divisiones distintas y es hoy el nombre que más veces me preguntan en el gimnasio, sobre todo entre quienes han empezado a boxear en los últimos años.
Subir de categoría de peso no es solo pelear contra rivales más grandes: cambia la velocidad a la que golpeas, la distancia a la que peleas y hasta la forma de aguantar el ritmo de un combate. Que Pacquiao lo hiciera en ocho pesos distintos, o Canelo en cuatro, es mucho más difícil de lo que parece desde fuera, y separa a un boxeador con recursos en varias distancias de uno que solo domina la suya.
En el gimnasio es a estos tres a quienes más recurre quien lleva menos de un año boxeando. A diferencia de Ali o Tyson, la mayoría de mis alumnos los ha visto pelear en vídeo, no solo en fotos antiguas, y eso cambia la forma en que se fijan en el estilo de cada uno.
De los tres, lo que más se puede mirar desde un gimnasio normal es el volumen de golpes de Pacquiao y el trabajo defensivo de Mayweather, no tanto la potencia de Canelo, que viene de años de trabajo específico y no se improvisa en unos meses. El volumen se entrena desde el primer día: series largas en el saco dentro de un mismo asalto (el tramo de trabajo, normalmente de tres minutos, con su descanso después), sin buscar todavía la potencia. Y lo defensivo empieza por algo tan simple como no bajar la guardia cuando llega el cansancio, que es justo lo primero que se cae en cualquier clase.
Los boxeadores españoles famosos
Si te pido que nombres un boxeador español famoso, lo más probable es que tardes más que con un americano o un mexicano. Hay pocos nombres y se cuentan poco, casi siempre en forma de lista de fechas. Pero los cinturones están ahí.
José Legrá ganó el título mundial del peso pluma. Perico Fernández lo ganó en el superligero (por encima del ligero, por debajo del wélter). Y Kiko Martínez, en el supergallo (entre el gallo y el pluma). Son tres cinturones mundiales, ganados en categorías distintas y en épocas distintas del boxeo español.
Fíjate en esas categorías: pluma, supergallo y superligero. Los tres títulos llegaron en pesos bajos y medios, no en los grandes, que son los que suelen ocupar la televisión. Ahí manda la velocidad de manos y el juego de piernas antes que la potencia, y es donde mejor se ve la técnica de un boxeador si lo que quieres es aprender mirando.
En la sala casi nunca sale un nombre español cuando alguien habla de boxeadores famosos. Eso no los hace menos boxeadores: los hace menos conocidos fuera de quien sigue el boxeo de cerca.
Y hoy el nombre español con más proyección internacional es Sandor Martín. De él tampoco te voy a dar un récord cerrado, porque las cifras que circulan no coinciden entre sí.
Lo que sí noto es que su nombre sale en una conversación de gimnasio con la misma naturalidad que Pacquiao o Canelo, y hacía mucho que eso no pasaba con un español. Eso, más que cualquier cifra, es lo que mide la proyección de alguien fuera del boxeo.
Qué se puede copiar y qué no
Lo copiable de un boxeador famoso casi nunca es lo que más se ve en el vídeo. Es lo de debajo: la constancia, la guardia y las repeticiones que hay detrás de cada golpe.
Sí
- La constancia de subir cada día al gimnasio, que es lo primero que sostiene cualquier estilo, por vistoso que sea.
- La guardia como base fija antes de complicarte con variantes: sin eso, ninguno de estos estilos funciona.
- Meter volumen de golpes concretos (jab, directo, que es el recto de la mano de atrás, y gancho) hasta que salgan solos.
No
- La agresividad constante de Tyson sin años de trabajo de reflejos detrás: sin eso, esa guardia se cae a la primera.
- Las variantes de guardia avanzadas con tres semanas de gimnasio: son de quien ya lleva años entrenando.
- Cualquier estilo copiado entero: cada uno lo construyó sobre su cuerpo, su alcance y sus años de guanteo, no al revés.
El fallo que más veo con esto es querer empezar por el final. Alguien mira un movimiento de cabeza en un vídeo, se lo lleva al saco y lo mete antes de tener la guardia colocada, así que acaba moviéndose mucho y protegido nada. Primero la postura, después el golpe, y el adorno cuando las dos cosas salen sin pensarlas.
Lo que sí es copiable para alguien de primera semana es la base: guardia, jab, gancho, y los demás golpes de boxeo que se enseñan en cualquier sala. Lo que no es copiable es el resto: la velocidad de reflejos de Ali, la potencia de Tyson o la capacidad de Robinson de subir de peso y seguir ganando. Todos los nombres de este artículo son boxeadores profesionales que llevaban media vida entrenando antes de llegar donde llegaron. Eso no se aprende viendo vídeos: se construye con años de guanteo (el trabajo con un compañero, a menor intensidad que un combate, con el que se prueba todo lo aprendido) y con un entrenador delante que te corrige lo que no ves. Es justo lo que se trabaja en una clase de boxeo: la base de cada alumno, no la imitación de un estilo ajeno.
Si quieres sacar algo concreto de un estilo famoso para tu propio boxeo, este es el orden que sigo con mis alumnos:
- Mira primero la guardia base, no los golpes: si no reconoces la posición de partida, no vas a entender por qué funciona el golpe que viene después.
- Fíjate en un solo golpe por vídeo. Si ves un asalto entero intentando fijarte en todo el estilo a la vez, no te queda nada.
- Pregunta a tu entrenador si ese movimiento encaja con tu envergadura y tu nivel. Lo que hace un profesional con años de guanteo no siempre sirve igual a alguien de primer mes.
- Practícalo despacio delante del espejo antes de meterlo en el saco. La velocidad se añade después, nunca al principio.
Famoso no es lo mismo que mejor
Famoso y mejor no miden lo mismo, y por eso las respuestas nunca coinciden. Ali y Tyson son, probablemente, los nombres más famosos del boxeo: los reconoce gente que no ha visto un combate entero en su vida. Pero si preguntas por el mejor técnico, la respuesta cambia según el criterio: The Ring pone a Robinson arriba, otros defienden a Chávez o a Durán por a quién ganaron, y ningún ranking cerrado convence a todo el mundo, porque compara épocas, pesos y estilos que no se pueden medir con la misma regla.
Lo que hace famoso a un boxeador casi nunca es solo lo que pasa dentro del ring. Es con quién peleó, en qué momento le tocó hacerlo y cuánta gente estaba mirando. Alguien excepcional en una categoría pequeña, en un país donde el boxeo no ocupa la televisión, puede tener una carrera mejor que la de un nombre mucho más conocido y no aparecer en ninguna de las listas que se comparten. Por eso las listas de famosos y las listas técnicas se parecen, pero nunca son la misma.
Si me preguntas quién es el boxeador más famoso del mundo, mi respuesta es Muhammad Ali. Su nombre lo reconoce gente que no ha visto un cuadrilátero en su vida, en cualquier país, y eso no lo iguala ningún otro nombre de este artículo, ni siquiera Tyson. Ese es el salto que separa a un boxeador famoso de uno conocido solo dentro del deporte.
La pregunta que sí tiene una respuesta útil, cuando estás empezando, no es cuál de todos es mejor. Es cuál de estos estilos se parece al tuyo, al cuerpo que tienes y al tiempo que llevas entrenando. Eso, a diferencia del debate de quién es el mejor de la historia, se resuelve en un gimnasio en unas cuantas clases.




