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Boxeo femenino: qué cambia respecto al masculino y cómo empezar

El boxeo femenino es el mismo boxeo: te cuento qué cambia de verdad, cómo es una clase por dentro, qué material necesitas y los miedos que sobran antes de la primera clase.

Mujer con guantes de boxeo golpeando la manopla que le sujeta su entrenador en un gimnasio

El boxeo femenino es el mismo boxeo

Cada mes empiezan mujeres en mis clases de XFit, en Eixample y en Sant Gervasi, y la primera pregunta suele ser la misma: ¿esto de boxeo femenino es un deporte distinto? No lo es. Es el mismo boxeo que entrena cualquier alumno de la sala: los mismos golpes, la misma guardia y el mismo trabajo de pies.

“Femenino” solo indica una cosa: que en competición las boxeadoras se enfrentan a boxeadoras, nunca en combate mixto. Nada más. La técnica que enseño a una chica que empieza es exactamente la que enseño a un chico, y los errores de la primera semana también son los mismos.

Los miedos de la primera clase son siempre los mismos, y se contestan con lo que pasa en la sala, no con teoría.

Qué cambia respecto al boxeo masculino

En competición profesional cambian dos cosas. La primera: el asalto masculino dura tres minutos y el femenino dos, con un minuto de descanso en los dos casos. En España el combate profesional femenino se pacta a cuatro, seis u ocho asaltos, y el título de España se disputa a ocho. El reparto de asaltos y descansos, formato por formato, está en cuánto dura un combate de boxeo.

La segunda: se compite contra mujeres. Y eso es todo. El entrenamiento, la técnica, los golpes, los ejercicios y la forma de progresar no cambian en nada.

También se boxea por categorías de peso, igual que en masculino: en competición cada boxeadora se mide contra rivales de su peso, y en el gimnasio los ejercicios por parejas se emparejan por peso y nivel.

Quien llega esperando una versión suave del boxeo se encuentra la clase de siempre, con su técnica y su trabajo.

Boxeo es solo con puños. Si en una clase te ponen patadas, es kickboxing o muay thai, que son deportes diferentes con reglas diferentes. Y no existe una modalidad de boxeo para mujeres: si te venden "lady boxing", pregunta qué hay detrás, porque lo que suele haber detrás es una clase de cardio con guantes y poca técnica.

Cómo es una clase por dentro

Para que no llegues a ciegas, este es el orden habitual de una de mis clases de boxeo en Barcelona. Los nombres concretos cambian de un gimnasio a otro, pero el esqueleto es este:

  1. Calentamiento. Movilidad, saltos a la comba (la cuerda de saltar) y activación de hombros y piernas. Un bloque corto al arrancar la clase.
  2. Sombra. Golpes al aire frente al espejo, sin saco ni rival. Es donde se graba la técnica: jab, directo, crochet, gancho y el juego de pies que los acompaña.
  3. Saco. El saco es el cilindro colgado contra el que golpeas. Aquí se trabaja potencia, resistencia y combinaciones. Es la parte que más cansa, y a la que más cariño se coge.
  4. Manoplas. Las manoplas son las almohadillas que sujeta el entrenador para que golpees con precisión mientras te corrige en directo. Es la parte de la clase en la que más se aprende.
  5. Guanteo. Guanteo es como llamamos al sparring: trabajo con compañero de la sala, controlado y con protección. En los primeros meses no se hace, y cuando se hace, es suave y para aprender, no para pegarse.
  6. Vuelta a la calma. Abdomen, estiramientos y comentarios de lo que ha salido bien y mal. Aquí se cierra el aprendizaje del día.

Los cuatro golpes que verás desde el primer día tienen nombres fijos en los gimnasios de España: el jab (golpe recto de la mano de delante), el directo (recto de la mano de atrás), el crochet (el golpe lateral, en arco, con el codo doblado) y el gancho (el que sube de abajo arriba). Si en un vídeo los llaman de otra forma, no te líes: son los mismos cuatro.

Los errores de la primera semana

Son los mismos en cualquier alumna y en cualquier alumno. El más común: bajar la mano de guardia al lanzar el directo, dejando la cara descubierta. La corrección es pensar en la mano que no golpea, que tiene que volver a la mejilla en cuanto sale el golpe.

El segundo: pegar solo con el brazo, sin girar la cadera. El golpe sale flojo y el hombro se cansa en minutos. Se corrige recordando que la fuerza empieza en los pies y sube por la cadera.

Y el tercero: aguantar la respiración durante la combinación. En cuanto aguantas el aire, los brazos pesan. Se corrige respirando en cada golpe, sacando el aire al golpear.

Qué se entrena con el boxeo

En una misma sesión trabajas cardio y fuerza a la vez: el saco y la sombra te suben el pulso durante minutos seguidos, y cada golpe exige empuje de piernas y de cadera, no solo de brazo. Es un trabajo de cuerpo entero, donde la mitad de lo que haces ocurre por debajo de la cintura.

La coordinación es la otra pata. Golpear en orden, mover los pies y mantener la guardia al mismo tiempo es mucho a la vez, y las primeras semanas se nota en cada gesto torpe. También se nota en lo contrario: cuando sale, los movimientos se encadenan sin pensarlos.

Lo primero que cambia no es la potencia, es la respiración: dejas de aguantar el aire y los brazos pesan menos. Casi al mismo tiempo se te van soltando los pies, que dejan de clavarse en el suelo. La mejora no es lineal: hay días en los que parece que has retrocedido, y a la semana siguiente sale lo que llevabas semanas intentando. La técnica se asienta repitiendo, con alguien corrigiéndote, y no hay otro camino.

Y hay una parte que no sale en ninguna ficha de ejercicio pero que la gente cuenta al poco de empezar: el desahogo. Golpear el saco después de un día malo deja a cualquiera mejor de lo que llegó. Y con el tiempo, saber defenderse cambia cómo te mueves por la calle: vas más tranquila o más tranquilo, sin buscarlo.

Las preguntas de la primera clase

Me las hacen cada semana. Las contesto con lo que pasa en la sala.

¿Me van a pegar el primer día?

No. En una clase normal no hay contacto entre alumnos: se golpea el saco, las manoplas y el aire. El guanteo llega mucho después, cuando la técnica lo permite y siempre de forma controlada. En los primeros meses tu único rival es el saco.

¿Voy a entrenar con hombres?

Las clases son mixtas y así funcionan bien: en los ejercicios de saco y sombra cada uno trabaja a su ritmo y a su intensidad. En los ejercicios por parejas se empareja por peso y nivel. En la práctica, con más alumnas en la sala salen más parejas entre ellas.

Y si un día eres la única mujer de la clase, no cambia nada del entrenamiento: mismos ejercicios, misma exigencia y el mismo emparejamiento por peso y nivel cuando toca trabajar por parejas.

¿Tengo que subir al ring?

El ring es para quien quiere competir o para ejercicios concretos de desplazamiento. Empezar a boxear no implica subir nunca si no quieres. Mucha gente entrena años, mejora su forma física y su técnica, y no pisa el ring más que para hacerse una foto.

¿Me va a cambiar la cara?

Me lo preguntan en serio, así que respondo en serio: no. El boxeo no hincha ni endurece rasgos. Lo que cambia en los primeros meses es la postura, la coordinación y la forma de moverte. El boxeo trabaja el cuerpo entero, no solo los brazos, y eso se nota en cómo te colocas, no en cómo eres.

¿Tengo que estar en forma para empezar?

No, y quien espera ponerse en forma antes de apuntarse se queda esperando para siempre. La forma se hace entrenando. En los primeros días el cuerpo pide parar: se para, se recupera y se sigue, porque en una clase de boxeo lo que se ajusta es la intensidad, no la técnica. El jab se aprende igual cansado que fresco, y parar a respirar a mitad de la clase no te retrasa: es parte de cómo se empieza.

¿Me sirve para defenderme?

Sirve para una parte, y es la que menos se anuncia: leer la distancia, no quedarse quieto y no perder la cabeza cuando alguien se te acerca de malas maneras. Eso, que se entrena cada clase, es lo que de verdad marca la diferencia en una situación desagradable. Pero el boxeo no es un curso de defensa personal y no lo vendo como tal: no enseña a resolver agresiones por la espalda, salidas de agarres ni nada de lo que trabajan los cursos específicos. Si eso es lo que buscas, apúntate a un curso de defensa personal: el boxeo te da la distancia y la calma, no el repertorio.

Qué material necesitas para empezar

Hace falta menos de lo que crees. Ven con ropa de deporte normal y una toalla, y no compres nada por adelantado: el gimnasio te presta guantes para probar. Esto es lo que vale la pena tener y lo que no hace falta todavía:

Sí

  • Vendas: se envuelven bajo el guante y protegen muñeca y nudillos. Lo primero que deberías comprar, y lo más barato.
  • Guantes propios: cuando ya sabes que vas a continuar. Durante los primeros meses, con los del gimnasio tienes de sobra.
  • Protector bucal: imprescindible antes del primer guanteo, innecesario si solo haces saco y manoplas.
  • Zapatillas con buen agarre: las de gimnasio de toda la vida valen. El boxeo se pelea con los pies.

No

  • Un saco en casa antes de saber pegar: primero técnica, luego potencia.
  • Casco para entrenar en clase: es material de guanteo y de competición.
  • Guantes de boxeo aeróbico, los finos de cardio: no protegen la mano y te limitan en cuanto tocas el saco.
  • Ropa especial: cualquier camiseta y pantalón cómodo sirven.

De dónde viene el boxeo femenino

El primer combate documentado entre dos mujeres se peleó en Londres en 1722, y la gran figura del boxeo femenino del siglo XVIII fue Elizabeth Wilkinson. En 1876 se registró el primer combate entre mujeres en Estados Unidos. En los años cincuenta, la británica Barbara Buttrick protagonizó el primer combate entre dos mujeres emitido por televisión nacional estadounidense. Y en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 el boxeo femenino entró por fin en el programa olímpico: fue el último deporte en abrirse a las mujeres.

Hoy los nombres que dominan el deporte son Katie Taylor, Claressa Shields y Amanda Serrano fuera de España, y Joana Pastrana y Miriam Gutiérrez dentro. Las pioneras y las que mandan hoy, una por una, en mejores boxeadoras de la historia.

Por dónde empezar

Si te lo estás planteando, la única respuesta que sirve es probar una clase. Sin ring, sin guanteo, sin nada que te pille de sorpresa: calentamiento, sombra, saco y manoplas, con alguien corrigiéndote desde el primer minuto. El boxeo femenino no es una versión distinta del deporte, es el deporte, y en la sala se entiende enseguida. Lo que decide si te quedas no es la fuerza: es si te apetece volver. Y eso se sabe al terminar la primera clase.

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