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Boxeadores españoles: los campeones que hicieron historia y quién pelea hoy

Un recorrido por los boxeadores españoles contado desde dentro del escalafón: qué es un campeón de España, de Europa y del mundo, y quién ha llevado cada título.

Dos boxeadores intercambiando golpes en un combate sobre el ring, con el árbitro al fondo

Cuando alguien me pregunta quién es el mejor boxeador español de la historia, la respuesta corta no existe. La larga sí, y empieza por entender qué significa cada título antes de repartir nombres.

Llevo veinticinco años subido a un ring. Soy dos veces campeón de España y ahora entreno a boxeadores aficionados y profesionales en dos gimnasios de Barcelona, XFit Eixample y XFit Sant Gervasi. Desde dentro del escalafón, los nombres que llenan los libros de historia se ven de otra manera: gente que empezó igual que cualquiera que entra hoy a una sala a dar sus primeros golpes al saco.

Aquí tienes qué diferencia a un campeón de España de uno de Europa y de uno del mundo, los boxeadores que abrieron camino, los años en los que los títulos mundiales llegaron uno detrás de otro, las dos décadas en las que el boxeo desapareció de la televisión y quién sigue peleando ahora mismo.

Campeón de España, de Europa y del mundo

Antes de dar un nombre merece la pena parar aquí, porque los tres títulos se sueltan casi siempre como si fueran el mismo escalón. No lo son. Ser dos veces campeón de España de boxeo me ha enseñado dónde empieza y dónde acaba cada nivel.

El camino es siempre el mismo, y va sumando exigencia:

  1. Campeón de España. Se gana peleando contra los mejores del país en tu categoría de peso, en una velada (la reunión de varios combates de una misma noche, organizada por un promotor). Es el primer techo de un profesional.
  2. Campeón de Europa. El rival ya no sale de España, sale de cualquier país del continente. Se pelea contra estilos que no has visto en ningún gimnasio de aquí y hace falta un historial de victorias sólido para que te den la oportunidad.
  3. Campeón del mundo. El escalón más alto y el más raro de alcanzar. Pide años de carrera profesional, un historial que aguante la comparación con el del rival y, casi siempre, pelear fuera de España para que llegue la oportunidad.

Ganar el campeonato de España te cambia el teléfono antes que la vida: promotores que antes no llamaban empiezan a preguntar y los rivales que se ofrecen ya no son los mismos. Los combates se alargan en asaltos (el asalto es cada tramo de pelea, normalmente de tres minutos, con su descanso después) y el entrenamiento se ajusta a eso: ya no basta con llegar entero a los primeros, hay que llegar entero al último.

Y aparece una palabra que antes no te tocaba: la cartelera, que es el orden en el que se reparten los combates de una velada. Los primeros abren la noche con el pabellón medio vacío. El último es el combate por el que la gente ha pagado la entrada. Moverte hacia el final de esa lista es buena parte de lo que se juega un profesional cada vez que gana algo.

Subir a Europa multiplica la exigencia. Los rivales llegan con estilos que aquí casi no se ven, así que el trabajo de gimnasio cambia de foco: menos repetir lo que ya dominas y más preparar lo que no has visto nunca. Y pelear por un título del mundo pide algo que no se entrena con sacos ni con manoplas (las almohadillas que sujeta el entrenador para que el boxeador golpee): viajar, adaptarte a otro país o a otro idioma y subir a un ring fuera de casa contra alguien que boxea delante de su público.

Cuando leas que alguien fue campeón del mundo, ten en cuenta que hoy hay varios organismos que reparten su propio título en cada categoría de peso. Puede haber más de un campeón del mundo a la vez en el mismo peso. Un boxeador puede tener el de uno sin tener el de los demás.

Los campeones de España de boxeo son, con diferencia, los más numerosos: cada categoría de peso tiene el suyo. Los de Europa ya son un puñado. Y con los del mundo, cada nombre nuevo es noticia en el boxeo español.

Aficionado y profesional, no es lo mismo

Muchos de los nombres que vienen ahora empiezan en categoría aficionada y dan el salto a profesional más adelante. Son dos carreras distintas, con reglas distintas, y conviene no mezclarlas.

El boxeo aficionado (también llamado amateur) se compite con licencia federativa, el permiso que expide la federación para subir a un ring de forma oficial dentro de un club. Se pelea a menos asaltos que en profesional, no se cobra por hacerlo y es el camino que lleva, para quien llega arriba, a unos Juegos Olímpicos.

El boxeo profesional se pelea a más asaltos, lo organizan promotores y el boxeador cobra por pelear. Ahí es donde se ganan los títulos de España, de Europa y del mundo.

Entreno a los dos, y lo que más cambia de una sala a otra es el reloj. El aficionado prepara combates cortos, así que sale a ritmo alto desde el primer segundo y no tiene tiempo material de estudiar a nadie. El profesional prepara noches largas: aprende a dosificarse, a dejar pasar un asalto para leer al rival y a guardar algo para el final. Un chaval que pasa de una cosa a la otra suele tardar meses en entender que ya no hace falta ganar los tres primeros minutos.

Los orígenes del boxeo español

El boxeo llega a España por Barcelona, en 1875 y 1876. Lo trae un profesor llamado Bergé, que lo había aprendido de un marinero de Mahón embarcado en un buque británico. De ahí salen las primeras clases.

Entre esa primera clase y la fundación de la Federación Española de Boxeo, en Barcelona en 1922, pasan casi cincuenta años. Lo que aporta una federación es justo lo que faltaba durante todo ese tiempo: un organismo que dice qué es un campeonato de España, quién puede pelearlo y quién lo otorga. Sin eso, un título vale lo que valga quien lo organiza.

Dos años después, en 1924, compiten por primera vez boxeadores españoles en unos Juegos Olímpicos, los de París. Y en 1925, Antonio Ruiz se convierte en el primer campeón de Europa español, en el peso pluma.

El peso pluma es una de las categorías de peso en las que se reparte a los boxeadores según cuánto pesan. Los nombres que vas a leer de aquí en adelante (peso gallo, peso pluma, peso ligero, peso pesado y el resto) son escalones de esa misma escalera: cada uno agrupa a los boxeadores dentro de una horquilla de kilos, para que un combate enfrente a dos rivales de un tamaño parecido. El peso pesado es la categoría más alta y no tiene límite por arriba.

Los primeros nombres grandes llegan pocos años después. Paulino Uzcudun, vasco, peleaba en el peso pesado y fue campeón de Europa antes de convertirse en el primer español que disputó un mundial de los pesados, contra el italiano Primo Carnera en 1933. Perdió a los puntos, que es la decisión que dan los jueces cuando el combate llega al límite de asaltos sin que nadie haya caído. En toda su carrera solo lo tumbaron una vez, y fue Joe Louis.

Baltasar Belenguer Hervás, “Sangchili”, valenciano, abre la lista: primer campeón del mundo español, peso gallo, el 1 de junio de 1935 en la plaza de toros de Valencia, ante Panamá Al Brown.

La época dorada: sesenta y setenta

Aquí los títulos del mundo dejan de ser una rareza y empiezan a encadenarse.

José Legrá llega a España en 1963. Es cubano, se nacionaliza español en 1966 y todo el mundo lo conoce por su apodo, “el Puma de Baracoa”. En 1968 gana el título del mundo del peso pluma al galés Howard Winstone por KO técnico (el árbitro para el combate porque uno de los dos ya no puede defenderse, aunque no haya llegado a caer a la lona), treinta y tres años después de Sangchili. Perdió el título y lo recuperó años más tarde.

Pedro Carrasco se corona campeón del mundo del peso ligero el 5 de noviembre de 1971, ante el estadounidense Mando Ramos. Se enfrentaron tres veces entre 1971 y 1972. Carrasco perdió las dos revanchas. Murió de un infarto en 2001, con 57 años.

Perico Fernández gana el título del peso superligero en 1974, seis años después del de Legrá.

En 1976 llegan dos títulos del mundo el mismo año. José Durán gana el del peso superwélter al vencer al japonés Koichi Wajima, y Miguel Velázquez el del peso superligero.

Cecilio “Uco” Lastra cierra la racha en 1977, con el título del peso pluma.

José Manuel Urtain, vasco, fue tres veces campeón de Europa del peso pesado y un ídolo popular, aunque nunca llegó a ganar un mundial. Murió en 1992. Alfredo Evangelista sí llegó a pelear por el título mundial de los pesados, contra Muhammad Ali en 1977, y perdió.

De esos años me interesa menos el palmarés que el calendario. Los títulos se encadenaron porque había veladas, había promotores y había sitio donde pelear cada fin de semana. Cuando eso existe, los campeones salen casi solos: no hace falta un milagro, hace falta un circuito. Y eso es exactamente lo que se rompe después.

El silencio: fuera de la tele

Después de Uco Lastra en 1977 pasan más de veinte años sin que España tenga un solo campeón del mundo. No es una casualidad de resultados, es un cambio de mecanismo.

El interés empieza a caer desde finales de los setenta. Pesa la muerte de dos boxeadores por el castigo recibido en combate, pesan las irregularidades que salpicaron a algunas veladas y pesa un cambio en la sociedad española, que dejó de ver el boxeo con los mismos ojos.

Y ahí llega lo que de verdad corta la cadena: los medios se retiran. TVE deja de emitir veladas. El libro de estilo de El País de 1977 decía que el periódico no publicaba informaciones sobre boxeo salvo que hubiera un accidente.

Un deporte que desaparece de la televisión y de los periódicos deja de tener cantera. Los chavales que se habrían apuntado a un gimnasio después de ver un combate el sábado por la noche dejan de verlo.

El mecanismo es sencillo: sin veladas en televisión, los promotores dejan de ganar dinero organizándolas. Sin promotores, no hay carteles. Y sin carteles, un boxeador bueno no tiene dónde pelear ni cómo hacerse un nombre, por mucho talento que tenga en el gimnasio.

Funciona igual en la dirección contraria, y eso sí lo veo cada temporada. La semana siguiente a una velada grande en abierto entra gente nueva por la puerta preguntando por clases, y luego no vuelve a pasar hasta la siguiente. Un deporte que no se ve tampoco se prueba.

En los ochenta y los noventa, el nombre que sostiene la afición casi en solitario es Poli Díaz, “el Potro de Vallecas”. Algo de aquello sigue puesto: las noticias del boxeo español se mueven casi siempre dentro de medios especializados y rara vez llegan a la portada de un periódico generalista.

El regreso: los campeones desde 1999

El título de Javier Castillejo en 1999 rompe la sequía. “El Lince de Parla” gana el del peso superwélter ese año y en 2006 suma el del peso mediano al vencer al alemán Felix Sturm: dos títulos del mundo en dos categorías distintas.

José Antonio López Bueno gana el del peso mosca ese mismo 1999. Jorge Mata se corona campeón del mundo del peso mínimo en 2002. Gabriel Campillo levanta el del peso semipesado en 2009, al ganar a Hugo Garay en Argentina. Y Kiko Martínez, alicantino, se lleva el del peso supergallo en 2013 ante el colombiano Jonathan Romero. Ocho años después, en 2021, gana el del peso pluma al noquear a Kid Galahad.

Fíjate en las fechas: dos títulos en 1999, otro en 2002 y después huecos de años enteros. El boxeo español funciona a rachas porque depende de que coincidan dos cosas, un boxeador en su mejor momento y alguien dispuesto a montarle la velada. Cuando falta la segunda, el talento se queda entrenando en una sala y no se entera nadie.

Los españoles que llegaron al título del mundo, por orden de llegada:

  • Sangchili (Baltasar Belenguer Hervás): peso gallo, 1935.
  • José Legrá: peso pluma, 1968.
  • Pedro Carrasco: peso ligero, 1971.
  • Perico Fernández: peso superligero, 1974.
  • José Durán: peso superwélter, 1976.
  • Miguel Velázquez: peso superligero, 1976.
  • Cecilio “Uco” Lastra: peso pluma, 1977.
  • Javier Castillejo: peso superwélter, 1999, y peso mediano, 2006.
  • José Antonio López Bueno: peso mosca, 1999.
  • Jorge Mata: peso mínimo, 2002.
  • Gabriel Campillo: peso semipesado, 2009.
  • Kiko Martínez: peso supergallo, 2013, y peso pluma, 2021.

Esa lista no agota los nombres que han dejado huella. Si lo que buscas son los que se salieron del boxeo y los conoce cualquiera, dentro y fuera de España, tengo un repaso aparte de los boxeadores famosos y de lo que se puede copiar de cada estilo en el gimnasio.

Las boxeadoras españolas

La primera española campeona del mundo es María Jesús Rosa, que gana el título del peso minimosca en 2003 a Terry Moss.

Entre ese título y el de Joana Pastrana en 2018 pasan quince años, un hueco parecido al que vivió el boxeo masculino entre Uco Lastra y Castillejo. Pastrana se corona campeona del mundo del peso mínimo. Un año después, en 2019, Miriam Gutiérrez, “La Reina”, madrileña, gana el título interino del mundo del peso ligero: un cinturón provisional, de los que se ponen en juego cuando quien tiene el título no puede defenderlo.

En la sala lo noto de otra manera. Hace años era raro que una mujer cruzara la puerta preguntando por boxeo y no por otra clase dirigida. Ahora entran igual que cualquiera, preguntando por el guanteo (el entrenamiento de golpes con un compañero, con protecciones, lo que mucha gente llama sparring) y por cuándo pueden competir, no solo por hacer ejercicio.

Y cuando preguntan por competir, el camino es el mismo que el de cualquier chaval de la sala: licencia federativa, club, combates aficionados y, si la cosa va en serio, el salto a profesional. No hay una versión corta.

El boxeo aficionado y las medallas olímpicas

Casi todo el que llega a profesional pasa antes por el boxeo aficionado. Y ahí el techo tiene otro nombre: unos Juegos Olímpicos.

España tiene cuatro medallas olímpicas en boxeo. La primera es el bronce de Enrique Rodríguez Cal en Múnich 1972. Faustino Reyes suma la plata en Barcelona 1992. Y Rafael Lozano se lleva dos: el bronce en Atlanta 1996 y la plata en Sídney 2000.

Cuatro medallas en toda la historia dan la medida de lo estrecho que es ese escalón. Para llegar ahí hay que ganar primero dentro del club, después a nivel nacional en tu categoría, y después seguir ganando cuando enfrente ya no queda ningún español. Cada uno de esos filtros deja fuera a casi todos los que habían pasado el anterior.

Por eso, cuando alguien me dice en la primera clase que quiere ir a unos Juegos, no le digo que no. Le digo cuántos años hay por delante antes de que esa frase empiece a significar algo.

Quién es el mejor boxeador español

No hay consenso, y la respuesta cambia según qué midas.

Si el criterio es el número de categorías distintas en las que un español ganó el título del mundo, ahí están Castillejo y Kiko Martínez, con dos cada uno. Si el criterio es la repercusión que tuvo en su momento, dentro y fuera del ring, el nombre que sale es el de Pedro Carrasco. Y si lo que cuenta es a cuánta gente enganchó a este deporte, hay quien pone ahí a Urtain, que fue un ídolo popular sin haber ganado nunca un mundial.

No hay una fórmula que sume títulos, años en activo y golpes encajados y saque un único ganador. Cada aficionado se queda con el suyo, y ese debate no se cierra en ningún vestuario.

Ahora mismo el nombre que más suena es el de Sandor Martín, barcelonés, peso superligero: en 2021 viajó a California y ganó al excampeón del mundo Mikey García. La cantera sigue dando gente, aunque tenga que buscarse la vida lejos de los focos que el boxeo español tuvo en los setenta.

Ninguna de estas carreras empieza en el título. Empieza igual que la de cualquier alumno que entra a una sala sin saber ni colocar la guardia, que es la postura de base desde la que te proteges y sales a golpear.

Primero vienen las clases de técnica, semana tras semana, hasta que el cuerpo responde solo. Después llega el guanteo, cuando ya tiene sentido golpear con un compañero enfrente y no solo con el saco. Y si quieres competir, toca sacarte la licencia federativa y buscar el primer combate aficionado, que casi siempre llega muchos meses después de haber pisado el gimnasio por primera vez.

Eso es lo que trabajo con los alumnos que pasan por mis clases de boxeo en Barcelona, tanto si el objetivo es subirse algún día a un ring como si es aprender a boxear bien y ya está.

Si te preguntas si tienes edad o nivel para empezar, la respuesta casi siempre es sí: la mayoría de mis alumnos empiezan de adultos, sin haber dado un puñetazo en su vida. La técnica se construye desde cero, igual que se construyó la de cualquiera de estos boxeadores antes de su primer combate.
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