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Historia del boxeo: del Antiguo Egipto a las reglas que usamos hoy

Un repaso a la historia del boxeo, de los relieves egipcios y los cestos romanos a las reglas de Queensberry, contado desde un gimnasio que entrena cada día bajo ese mismo reglamento.

Par de guantes de boxeo antiguos de cuero marrón colgados en un puesto de mercadillo

Llevo veinticinco años subido a un ring y entrenando a gente que empieza de cero. Hay una pregunta que me hacen más de lo que te imaginas: por qué el boxeo tiene esta forma exacta y no otra. Tres minutos de asalto (el tramo de trabajo entre descanso y descanso), un minuto de pausa, cuenta de diez si caes. En la sala eso se da por hecho: la campana suena a los tres minutos, ni un segundo antes ni después.

La historia del boxeo no es una lista de fechas. Es la explicación de por qué entrenamos como entrenamos. Cada pieza del reglamento que uso cada día, desde los guantes hasta la cuenta de diez, sale de un problema que alguien tuvo que resolver mucho antes de que yo naciera.

Te lo cuento hacia delante, desde el Antiguo Egipto hasta las reglas con las que peleo hoy. En cada etapa paro en lo mismo: qué queda de aquello encima del ring.

Dónde empieza la historia del boxeo: Egipto y la Antigüedad

Los primeros registros de dos personas peleando a puñetazos, con público alrededor, están en el Antiguo Egipto. Son relieves y pinturas de en torno al 3000 a.C. También hay representaciones parecidas en Mesopotamia.

Aquellos púgiles no peleaban con la mano del todo desnuda. Se cubrían la mano y el antebrazo con vendajes hasta el codo, dejando los nudillos al aire.

Vendarse bien no es el trámite de antes de ponerse los guantes. La venda (la tira de tela que te envuelves en la mano y la muñeca) sujeta los huesos pequeños para que no se muevan al impactar. Es la misma idea que buscaban los egipcios cubriéndose hasta el codo, milenios antes de que existiera el guante.

De Egipto la práctica pasó a Creta. Allí están las primeras pruebas del uso de guante: unos frescos de jóvenes boxeando, de hacia el 1500 a.C.

El vendaje egipcio y el guante cretense son la misma solución en dos momentos distintos. Primero se cubre la mano. Después se le da forma a lo que la cubre.

Ese orden es el que sigo con un alumno nuevo. El primer día no empieza por el guante: empieza por aprender a vendarse, que es lo que de verdad sujeta la mano. El guante llega después, y cambia según lo que vayamos a hacer. Si se invierte el orden, el guante no sirve de mucho: debajo hay una mano suelta.

De Creta pasó a toda Grecia. El boxeo entró en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad en el 688 a.C., en la vigesimotercera edición. El primer campeón olímpico de boxeo que consta en los registros es Onomasto de Esmirna.

En Roma se peleaba con los cestos, unas protecciones de cuero para la mano, a veces reforzadas con metal. Los combates podían acabar en muerte.

Ahí está la diferencia entre un cesto y un guante, y no es de material. El cesto estaba pensado para hacer más daño. El guante está pensado para que la mano resista el golpe que da. Dos objetos que se ponen en el mismo sitio con intenciones opuestas.

Con la extensión del cristianismo por el imperio, este tipo de combate se prohibió y el boxeo prácticamente desapareció de Europa. No vuelve a haber registro de un combate hasta mucho después.

Inglaterra y el regreso del puño limpio

El primer combate de la era moderna que consta es de 1681, en Inglaterra. Lo organizó el duque de Albemarle entre un criado suyo y un carnicero.

Quien convirtió aquello en algo con nombre y cartel fue James Figg. Se proclamó primer campeón de los pesos pesados en 1719, peleando a puño limpio: sin guantes, sin límite de tiempo, con el público apostando y con lesiones graves o muertes como algo habitual.

En aquella Inglaterra el boxeo se enseñaba como una ciencia de la defensa personal. De ahí viene que todavía se le llame “el arte noble”, por mucho que desde fuera parezca lo contrario.

Esa idea sigue en pie en cómo se da una clase. Lo primero que enseño no es pegar: es la guardia (la postura con la que te cubres y desde la que sales a golpear) y moverse para no estar donde va el golpe. Pegar fuerte lo quiere todo el mundo el primer día. Lo que distingue a quien lleva unos meses es que empieza a saber no recibir.

El primer paso hacia lo que entreno ahora lo dio Jack Broughton en 1743, cuando publicó las primeras reglas del boxeo moderno: siete en total. Entre ellas, la que prohibía golpear al adversario caído.

A Broughton se le conoce como el padre del boxeo inglés. Es la primera vez que alguien deja escrito que pelear hasta que uno no puede más no es lo mismo que pelear con normas.

Esa regla suya sigue intacta. A quien está en el suelo no se le golpea, y el que cae tiene un margen de tiempo tasado para levantarse antes de perder el combate. Es la norma más antigua que cumplo cada vez que subo al ring, y no la pienso nunca.

Las reglas de Broughton las sustituyeron más adelante las London Prize Ring Rules, que seguían manteniendo el puño limpio. Era todavía otro deporte, con otras lesiones. Pero la dirección ya estaba tomada.

Se ha quedado

  • Cubrirse la mano antes de golpear: la venda de hoy hace el mismo trabajo que el vendaje egipcio hasta el codo.
  • No golpear a quien está en el suelo: es una de las siete reglas de Broughton de 1743 y sigue igual.
  • Pelear por asaltos con descanso, en vez de hasta que uno no puede seguir.

Se ha caído

  • Los cestos romanos reforzados con metal: lo contrario exacto de un guante, pensados para hacer más daño.
  • Pelear sin límite de asaltos ni de tiempo, como en la época de Figg.
  • Que el combate pueda acabar en muerte, como en Roma o en los primeros años del puño limpio inglés.

La era del guante: las reglas de Queensberry

El salto que de verdad cambió el boxeo no fue ponerse los guantes. Fue aceptar que un combate se puede medir en tramos iguales con descanso en medio.

Eso es lo que trajeron las reglas del Marqués de Queensberry. Las redactó el galés John Graham Chambers en 1865 y se publicaron en 1867, con el patrocinio de John Douglas, marqués de Queensberry. Son el origen del boxeo moderno tal y como lo conocemos.

Para ver lo grande que fue el cambio hay que pensar en lo que era pelear antes. Un combate sin asaltos es un combate sin plan. Si no sabes cuánto va a durar, solo te queda un ritmo: el que aguantas hasta que no puedes más. Y lo gastas todo desde el primer golpe, porque no hay un segundo tramo que preparar.

Cuando el combate se parte en tramos iguales, aparece algo que antes no existía: la estrategia por fases. Puedes salir el primer asalto más controlado sabiendo que viene un tercero. Puedes guardar el gancho (el golpe curvo que entra de lado, por fuera de la guardia del rival) para cuando el rival esté más cansado. Puedes ceder un asalto a propósito si eso te deja mejor situado para los siguientes. Nada de eso es posible si el combate es una sola pelea sin cortes.

Es la misma lógica que aplico entrenando a cualquiera, desde el primer día. No se entrena igual para aguantar un asalto que para aguantar doce. Dosificar el esfuerzo, reconocer cuándo bajar el ritmo sin dejar de pelear, saber qué golpe conviene al principio y cuál guardar para el final: todo eso existe porque alguien decidió en 1867 que un combate se mide en tramos, no en resistencia bruta. Fue ese cambio, más que el guante, el que convirtió una riña por dinero en un deporte que se puede entrenar, medir y enseñar.

Queensberry estableció lo que sigue siendo la base de cualquier combate: guantes obligatorios, asaltos de tres minutos con un minuto de descanso entre cada uno, cuenta de diez segundos para el boxeador caído, prohibido agarrar, empujar o abrazar al rival, y un cuadrilátero (el ring, con sus medidas reglamentadas) para delimitar el combate.

Esa misma idea de medir el combate, en vez de dejarlo a la resistencia bruta, es la que está detrás de las categorías de peso que hoy ordenan cualquier cartel. En un boxeo reglamentado peleas contra alguien de tu mismo peso, no contra el más grande de la sala. Sin eso, la técnica importa bastante menos que el tamaño. Lo veo en cada guanteo (el intercambio controlado con un compañero, lo que también se llama sparring) entre dos alumnos que no se parecen físicamente en nada: si uno pesa mucho más, el otro deja de practicar técnica y se dedica a sobrevivir.

John L. Sullivan es el nombre que marca el puente entre las dos eras. Fue el último campeón mundial a puño limpio y el primero con guantes, a finales del siglo XIX.

Y aquí está el matiz que más desmonto en una sala de boxeo: los guantes no se pusieron para que el rival reciba menos. Se pusieron sobre todo para proteger las manos del que pega.

Los metacarpianos, los huesos pequeños de la mano, se fracturan con facilidad al golpear algo duro sin protección. Y un boxeador con la mano rota no puede seguir peleando. El guante también redujo los cortes en la cara, lo que de rebote permitió combates más largos y más técnicos. Pero el objetivo inicial era la mano que golpea, no la cara que recibe.

Lo veo cada vez que alguien se venda mal y luego se queja de que le duelen los nudillos contra el saco. El guante hace su trabajo si la mano de debajo está bien sujeta, no al revés.

Casi todo lo que entreno cada semana sale de 1867. El asalto de tres minutos, el minuto de descanso, la cuenta de diez: no son una costumbre moderna, son la misma estructura que fijó Queensberry hace más de siglo y medio. Por eso en el gimnasio organizamos el trabajo en tramos de tres minutos incluso cuando no hay rival delante: el cuerpo aprende a rendir en ese tiempo exacto.

Esa es la lógica detrás de cualquier clase de boxeo que imparto. Nadie entrena a lo loco: se entrena en el mismo marco de tres minutos y un minuto que lleva siglo y medio funcionando.

Y el minuto de descanso tampoco es un hueco vacío. Es donde recuperas el aire, corriges una cosa y decides qué vas a hacer en el tramo siguiente. Al principio casi todo el mundo lo gasta apoyado en las rodillas, respirando por la boca y sin escuchar nada. Con las semanas aprende a quedarse de pie, respirar por la nariz y oír la corrección. Ese minuto se entrena igual que los tres de antes.

El boxeo olímpico y las reglas de hoy

El boxeo debutó en los Juegos Olímpicos modernos en San Luis 1904. Ha estado presente en todas las ediciones desde entonces, menos en Estocolmo 1912, porque en aquel momento el boxeo era ilegal en Suecia. El boxeo femenino tardó mucho más en entrar: debutó como disciplina olímpica en Londres 2012.

Cuba y Estados Unidos son las dos potencias históricas del boxeo olímpico. Si quieres ponerle nombre a esas generaciones, tengo un repaso de los boxeadores más conocidos de la historia con lo que aportó cada uno al deporte, sin alargarme en biografías.

Hoy el reglamento se ha ramificado en varias versiones del mismo esqueleto de Queensberry, con combates más cortos o más largos según la modalidad. La unidad de medida no se ha movido: el asalto de tres minutos con un minuto de descanso. Un combate profesional de campeonato se pelea a doce asaltos.

Esa diferencia de duración no es solo cuestión de reloj: cambia cómo se prepara a alguien. En un combate corto el margen para gestionar el cansancio es mínimo y se decide pronto. Ahí entreno para llegar fuerte desde el primer minuto, con una intensidad que nadie podría sostener durante doce asaltos.

Con doce asaltos por delante el principio es el mismo, pero en su versión larga. Hay que dosificar desde el primer golpe porque queda mucho combate. El que sale a tumba abierta en el primero suele pagarlo al final. Por eso no entreno igual a quien compite en formato corto que a quien pelea a doce asaltos.

Se gana de tres maneras. Por nocaut, cuando el rival no puede levantarse antes de que el árbitro termine de contar hasta diez. Por nocaut técnico, cuando el árbitro para el combate porque uno de los dos no está en condiciones de seguir, aunque siga en pie. O por decisión de los jueces, que puntúan cada asalto por separado y dan diez puntos al que lo ha ganado.

La diferencia entre los dos finales por golpes es quién decide. En el nocaut manda la cuenta. En el nocaut técnico manda el criterio del árbitro sobre si uno de los dos puede defenderse. Por eso un combate puede terminar con un boxeador todavía de pie.

Esa puntuación por asaltos explica algo que a quien empieza le cuesta ver. Casi todo el que entra en la sala cree que el boxeo va de tumbar al otro, porque es lo que sale en los vídeos. La mayoría de los combates no se resuelven así: se resuelven sumando asaltos, uno a uno. Y eso cambia qué tiene sentido entrenar. No el golpe que lo arregla todo, sino poder repetir tu trabajo con la misma limpieza en el último asalto que en el primero.

El combate se disputa siempre por encima de la cintura, a la cabeza o al cuerpo. Es la frontera que uso cada día para corregir al alumno que baja el golpe buscando el cuerpo y se va por debajo sin darse cuenta.

Preguntas rápidas sobre el origen del boxeo

¿Qué país creó el boxeo? No hay un único país fundador: los primeros registros están en el Antiguo Egipto, hacia el 3000 a.C. Pero el reglamento que se boxea hoy (guantes, asaltos, cuadrilátero) se escribió en Inglaterra, entre James Figg, Jack Broughton y las reglas de Queensberry.

¿Quién fue el primer boxeador? No hay un nombre documentado como “el primero” a nivel mundial. El primer campeón olímpico de boxeo que consta en la Antigüedad es Onomasto de Esmirna, en el 688 a.C., y el primer campeón de los pesos pesados a puño limpio es James Figg, en 1719.

¿Cuándo se hizo olímpico el boxeo? El boxeo entró en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad en el 688 a.C. Ya en la era moderna, debutó en San Luis 1904, con una única ausencia en Estocolmo 1912.

¿Cuándo empezaron a usarse los guantes? Las primeras pruebas de un guante están en Creta, hacia el 1500 a.C. Pero el guante obligatorio en competición no llega hasta las reglas de Queensberry, publicadas en 1867.

¿Cuál es la leyenda del boxeo? No hay una sola: cada etapa tiene la suya, desde Onomasto en la Antigüedad hasta John L. Sullivan en el cambio de era del puño limpio al guante. Para los nombres que han marcado el boxeo más reciente, lo cuento con detalle en el repaso de boxeadores famosos que he enlazado antes.

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